Anteprima giro del mondo – L’eredità di Uribe

In Colombia è tempo di elezioni. Il 14 marzo 30 milioni di colombiani voteranno per rinnovare i membri del Parlamento. Il 30 maggio, invece, pochi giorni dopo il mio sbarco a Cartagena, uscirà dalle urne il nome del nuovo presidente, dopo quasi otto anni di controverso ‘uribato’. Se avessero permesso al caudillo di concorrere ancora per la presidenza, non ci sarebbe stata competizione. Ma senza di lui c’è grande incertezza, anche se le chances maggiori sembrano averle l’ex sindaco di Medellin Sergio Fajardo del Compromiso Ciudadano e Noemí Sanin Posada del Partido Conservador Colombiano. Sabato scorso su ‘Semana’ Maria Jimena Duzan ha scritto un editoriale all’arsenico su Uribe, ‘El paìs que nos dejò’. In cui ha ricordato, fra le altre cose, che dopo otto anni di governo Uribe il Paese ha il più alto tasso di disoccupazione di tutta l’America Latina, il peggior tasso di partecipazione femminile alla vita politica ed economica, un fondamentalismo religioso che sta avvelenando la Colombia con figure abiette come il levrefista Alejandro Ordóñez che considera i diritti umani un’invenzione del comunismo internazionale per sovvertire l’ordine del Paese. Senza dimenticare un triste primato, sottolinea la Duzan: in questi otto anni, la Colombia è diventata il secondo paese al mondo con più profughi interni
Luego de ocho años del gobierno Uribe el país tiene el desempleo más alto de América Latina y la peor tasa de participación de la mujer en la vida política y económica del país. Somos el último en el continente en el número de mujeres en el Congreso y se redujo ostensiblemente la presencia de la mujer en puestos de liderazgo en la rama ejecutiva, en los medios y en la empresa privada. Para colmo, en estos ocho años el país se lo tomó un fundamentalismo religioso que ha ido permeando las instituciones; el mismo que hoy ha convertido en letra muerta la sentencia de la Corte Constitucional por medio de la cual se despenalizó el aborto en tres casos específicos y que tiene en la Procuraduría a una persona como Alejandro Ordóñez, un lefevrista que considera los derechos humanos un invento del comunismo internacional concebido para acabar con el orden natural. Mientras el país veía cómo las cifras de homicidios disminuían, en uno de los logros iniciales innegables de la seguridad democrática -lo propio sucedió con los secuestros-, en el campo se producía una compra masiva de tierras que el país aun desconoce. Ese hecho produjo un incremento en el número de desplazados. En estos ocho años Colombia pasó a ser el segundo país del mundo con más desplazados internos. Durante ese lapso los hijos del Presidente se convirtieron en el epítome de los nuevos empresarios del régimen, con derecho a zonas francas, a exenciones de impuestos y en el epicentro de esa juventud que creció pensando que nuestra democracia era caudillista. En esos mismos años, el campesino que vivía en La Macarena experimentó una mejora sustancial en materia de seguridad, pero no pudo acceder a subsidios agrícolas porque el gobierno los destinó en su gran mayoría a los grandes terratenientes. ¿Qué es lo que queremos reelegir? ¿El derecho de los terratenientes a tener subsidio? ¿Hacer como Tomás y Jerónimo?
En estos ocho años el paramilitarismo mutó y hoy es una mafia poderosa entroncada con el poder local, regional y nacional, cada vez más difícil de detectar, a pesar de los ingentes esfuerzos que hace el general Óscar Naranjo. La política de Justicia y Paz no logró acabar con el paramilitarismo porque dejó intactas sus estructuras de poder y aunque ha logrado brindar un porcentaje mínimo de verdad -hoy son muchas las víctimas que han encontrado el cuerpo de sus seres queridos-, en materia de reparación y de justicia ha dejado una tremenda frustración. Las posibilidades de que una nueva vorágine de violencia se vuelva a repetir son aterradoramente altas.
A chi interessasse, sarò in Colombia alla fine di maggio
© Lorenzo Cairoli/La fábrica ‘Qué hago yo aquí’


















